
Algunas mentiras le causan problemas a quien las dice y a quien se las cree, un ejemplo es el siguiente cuento.
Había una vez una gallina que tenía doce pollitos. Un día, los sacó al jardín, donde andaban muy contentos escarbe y escarbe buscando gusanos. El más pequeño de los pollos se quedó atrás; de repente, le cayó una hoja de árbol en la cola y corrió a alcanzar a su mamá, gritando:

Corrieron hasta ver al pato, que nadaba en el lago. Le contaron
que
el cielo se iba a caer y los aplastaría, por eso, el pato dijo:
El tecolote andaba subido en una rama y desde allí vio llegar
a los
animales muy preocupados.
Luego de averiguar cómo lo sabían, el tecolote opinó:

El perro estaba echado en la sombra cuando se acercaron los animales chocando unos con otros.
Medio dormido, el perro preguntó:
En eso, una zorra muy lista que pasaba por allí ofreció:
La gallina sabía que las zorras se comen a los pollos y protestó:
Los animales se metieron a la cueva, pues tuvieron más miedo de
ser aplastados por el cielo que de la zorra.
Al perro se le hacía sospechosa la zorra, por eso le advirtió:
El perro salió a vigilar. Estaba pendiente del cielo para ver a qué horas se caía. Mientras, la zorra se preparaba para comerse a los animales, que estaban muy asustados.
Pero el más pequeño de los pollos ése al que le cayó una hoja en la cola pudo escaparse sin que la zorra lo viera y llegó hasta el roble donde el perro ya se habla cansado de mirar al cielo.
El perro corrió a la cueva y apenas llegó a tiempo para detenerla.
Al ver los colmillotes del perro, la zorra supo que era momento de huir. Salió corriendo y el perro tras ella. Cada vez que la alcanzaba la mordía, así que la zorra corrió más rápido todavía, hasta que pudo escaparse lejos y ya no regreso.