

Había una vez una changuita traviesa con la cola larga. Como quería tenerla más pequeña, un día le pidió al peluquero:
En cuanto le cortaron la cola, la changuita se puso a llorar.
La changuita agarró la navaja y se salió por la ventana.
Caminó un rato hasta llegar donde unos señores cortaban varas para hacer guacales y les ofreció:
Pues se rompió la navaja y la changuita dijo muy enojada:
Y antes que le dijeran que no, se subió a un árbol con todo y guacal. Pudo irse sin que la vieran, brincando de rama en rama y se detuvo al ver a unos muchachos acarreando ollas en un guacal viejo. La changuita les propuso:
Total que el guacal se rompió y la changa se fue llevándose una olla.


De pronto, vio a una señora ordeñando una vaca con una olla fea y ofreció prestarle la suya.
De una patada la vaca rompió la olla con todo y leche, así que la changuita dijo:
Pero la changuita era buena lazando y antes de que la mujer pudiera detenerla, con un lazo atrapó al becerro para montarlo y huir hasta una escuela donde había muchos niños traviesos.
Como ya se sentía cansada, le encargó el becerro a unas maestras, que le contestaron:
En cuanto la changuita se fue, los niños jinetearon al becerro y lo molestaron tanto que se fue huyendo de la escuela. Al saberlo, la changuita reclamó:
Sin hacer caso de las maestras, metió a la niña en un costal, pero estaba pesada y hacía calor, así que la changuita ya no la aguantaba. Al ver por allí una tienda, le pidió al dueño:
La changuita se fue muy confiada, pero la niña empezó a gritar para que la sacaran del costal. Luego de sacarla, el dueño se puso a llenar el costal de arañas, abejas y alacranes. Ya lo tenía listo cuando la changuita llegó a recogerlo. Iba muy contenta, pero de pronto le picaron los animales: un piquetito por aquí, otro por allá.
Más tardó la changuita en decirlo que en llenar su costal de pan, queso y una guitarra. Adolorida, se subió a la copa de un árbol con su costal para sobarse las picaduras. Allí se puso a tocar la guitarra y a cantar esta canción: