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Había una vez un rey y una reina
que acababan de tener una hija. Una noche los visitó un hombre con fama
de sabio, quien al ver a la niña dijo:
En una
casa pobre que está en el monte, nació un niño que será su yerno.
Eso no
es posible contestó el rey. Mi hija nunca se casará con un
pobre.
Eso está
por verse, majestad advirtió el sabio y se fue.
El rey se quedó preocupado por las
palabras del sabio y decidió evitar que se cumplieran. Una tarde le ordenó
a un criado comprar una canasta grande con tapa, y a la mañana siguiente
salieron al monte a buscar la casa del niño.
Luego de un rato, la encontraron.
Supe
que este niño va a ser mi yerno: vengo por él para educarlo en el palacio
le dijo el rey a la madre.
Muy triste la mujer le entregó
el niño al rey, pensando que lo trataría bien.
En cambio, el criado metió al pequeño
en la canasta y la tiró a un río.
Ya me deshice
de él pensó el rey.
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