En lo alto de la sierra, después del tiempo de siembra, el conejo encontró en su camino una plantita de maíz. Apenas medía el largo de su diente más grande, pero aún así era muy hermosa.
Con esa milpa pensó hacer el mejor negocio de su vida. Se la vendería a sus amigos.
Así que fue a buscar a la cucaracha, quien seguro se interesaría en un lindo elote. No tuvo que caminar mucho para encontrarla.
Feliz con su dinero, el conejo se fue a buscar a la gallina. Cuando la encontró la convenció de comprarle su milpa.
El conejo se topó después con el coyote y le ofreció su milpa, prometiendo que tendría los mejores elotes. El coyote aceptó el trato y le dio unas monedas.
Sin saber qué hacer con tantas monedas, el conejo las guardaba cuando de repente apareció el cazador rifle en mano, y para convencerlo de que no lo matara, también le vendió la milpa.
Meses después, cuando la milpa estaba lista para la cosecha y los hombres ya cortaban los elotes, la cucaracha fue a ver el conejo para recoger su maíz.
El conejo, que ya se había gastado todo el dinero, no se acordaba de la milpa ni de la cucaracha, que lo sorprendió meciéndose en la hamaca.
Mientras pensaba qué mentira le diría, vio a lo lejos a la gallina que también iba por su maíz.
La cucaracha se metió bajo una cacerola que el conejo sostenía. En eso estaban cuando la gallina cacareó:
El conejo señaló la cacerola y la gallina se avalanzó sobre ella. De un solo picotazo se tragó a la cucaracha, que no tuvo tiempo de correr.
Apenas se estaba saboreando a la cucaracha, cuando el conejo vio venir al coyote y le advirtió:
La gallina llegó hasta la caja y se metió bajo ella. En un momento, el coyote estaba junto al conejo.
De una mordida el coyote se tragó la caja con todo y gallina, sin dejar ni una pluma.
Mientras el coyote reposaba su almuerzo, el conejo distinguió a lo lejos la figura del cazador.
Amigo coyote, deja tu descanso para después porque ahí viene el cazador y te va a matar.
El coyote se levantó de prisa y se metió a la casa del conejo. Poco después llegó el cazador.
Entonces el conejo le enseñó donde se escondía el coyote. El cazador entró y de dos tiros mató al animal.
Afuera de su casa, el conejo miró al cazador llevarse al coyote muerto sobre el hombro.
El conejo se quedó meciéndose tranquilo en su hamaca, a un lado de su planta de maíz, sin preocuparse de que alguien más se la quisiera quitar.



