Hace mucho tiempo, cuando hubo los primeros perros, ocurrió una desgracia. Se sintió un temblor de tierra. Pero los perros que andaban por las calles del pueblo no hicieron caso. Ellos siguieron caminando como si nada.
Así anduvieron los perros, hasta que el temblor se hizo más fuerte. Y las paredes se les cayeron encima.
Después del temblor, muchos perros quedaron muy lastimados. Entonces, se juntaron todos, los sanos y los magullados. Y se pusieron de acuerdo:
Por eso, ahora, a los perros se les ve metiendo la pata dondequiera que andan. Y, hasta cuando van a orinar, ponen la pata en las paredes o en los árboles para estar seguros. No se les vayan a caer las cosas cuando estén tan ocupados.



