Una vez, un venado que se creía más que todos se encontró a un sapo:
"Este venado anda muy creído. Hay que darle una lección", pensó el sapo. Entonces, dijo al venado:
Como el venado estaba muy seguro de ganar, aceptó jugar la carrera:
Por la tarde, el sapo llamó a todos sus amigos sapos para aconsejarse. Los sapos quedaron de acuerdo en ponerse cada uno en los cerros del camino:
Y así, cada sapo tenía que ponerse en cada cerro del camino. Al otro día, el sapo que apostó la carrera llegó con el venado:
Cuando estuvieron listos los dos, el venado gritó:
Entonces, el venado se fue saltando. Y el sapo se quedó allí sentado, sin brincar.
Cuando el venado llegó a la loma del primer cerro, llamó al sapo:
Y el sapo gordo, que esperaba al venado en ese cerro, le contestó:
El venado nada más vio dónde estaba el sapo y continuó la carrera. Se fue saltando al siguiente cerro. Y, cuando el venado subió hasta la loma, llamó al sapo otra vez:
Y el sapo bocón, que esperaba al venado en ese otro cerro, le contestó:
Entonces, el venado vio dónde andaba el sapo y pegó la carrera otra vez. Se fue al cerro de junto y, cuando subió hasta la punta del cerro, llamó al sapo:
Y el sapo ojón, que esperaba al venado en ese último cerro, le respondió:
Así fue como entre todos los sapos le hicieron creer al presumido venado que perdió lo carrera.



