
Así sucedió: había una cueva y el Tlacuache tenía las patas apoyadas sobre la pared.
El Coyote se tendió, teniendo las piernas hacia arriba.
Entonces el Tlacuache se puso de pie y se fue. No regresó.
El Coyote desesperaba.
Después de esperar mucho tiempo, se dio valor y saltó con violencia a un lado, escapando luego a todo correr. Cuando volvió la cara, vio que no había sucedido nada.
Versión de Pablo González Casanova.
Puedes hacer un coyote y un tlacuache con trapos y manejarlos como títeres. Y así, contarles el cuento a algunos amigos.
Puede ser que hasta les den ganas de contar algunos otros cuentos que sepan.



