Hace mucho tiempo, según lo cree la gente, el sol se iba aproximando a la tierra, de modo que cada día quemaba con más fuerza y las plantas se secaban. Sucedió entonces que unos campesinos quisieron detener al sol porque les había destruido las siembras. Pero no pudieron hacer nada pues el sol los quemó.
Se cuenta que después se reunieron los animales más astutos y fuertes de los bosques y las selvas. Eligieron al león, por ser el más fuerte, para que detuviera al sol, y dijo el león:
Pero no pudo hacer nada porque se quedó inmóvil. Siguió el coyote y tampoco logró nada. Así fueron pasando todos los animales. Al fin sólo quedaba el más pequeño de todos, el que actualmente conocemos con el nombre de topo, y dijo:
El topo se dispuso a detener al sol. Amontonó ramas, espinas, palos y toda clase de objetos que encontraba a su paso. El sol seguía quemando, pero el topo no se daba por vencido. Siguió adelante en su tarea hasta que logró detener al sol. Nada más que nadie quedaba para felicitarlo por su triunfo, que para él había sido el más grande de su vida. Fue tanta su sorpresa que cuando levantó la vista y vio al sol, se quedó ciego. Pero eso, a él no le importó. En eso oyó una voz que decía:
Se dice que aquella voz fue la de Dios, nuestro señor, y que el camino que le designó al topo iba a dar debajo de la tierra a unas cuevas oscuras que él mismo hace y donde vive actualmente.
Recopilador: Pascual Mendoza Santiago.
Comunidad: Nuevo Cuaptonapa, Mpio. de CaInaIi, Hidalgo.


