Este era un señor llamado Domingo, en español, y Domingutzi en lengua náhuatl. Había nacido en San Pedro Huazalingo. Todas las mañanas le gustaba ir a sentarse junto a la lumbre. Sus cuñados lo fastidiaban mucho porque nada más estaba jugando con la lumbre y no quería ir a trabajar con ellos al campo.
Un día, sus cuñados se decidieron a obligarlo a trabajar y lo regañaron mucho, pero él no respondía. Así pasaron los días.
Un día, el señor Domingutzi se dijo:
Se fue a la milpa. Tan sólo hacía una brecha en el rastrojo, le prendía fuego y en unos minutos todo se quemaba. En cambio los cuñados, por más que hacían, no podían prenderle fuego a su rastrojo ya desyerbado. Entonces dijeron:
Los cuñados le rogaron y le rogaron hasta que lo convencieron. Fue al rastrojo de sus cuñados y, apenas se paraba en la orilla de la yerba seca, empezaba a quemarse como si fuera agua que baja por la ladera.
Entonces, sus cuñados y muchas otras personas, se admiraron al ver cómo Domingutzi no necesitaba esfuerzos para hacer fuego con cualquier cosa.
Todos pensaron que él no era común y corriente, sino que hacía milagros y que era el Dios del Fuego.
Desde ese día, el señor Domingutzi se fue a vivir a un cerro llamado Xilotzingo, donde se quedó y no volvió a ver ni a sus cuñados ni a sus padres ni a la demás gente.
Desde ese día nadie pudo guisar sus alimentos por falta de lumbre. Entonces los familiares de Domingutzi fueron a buscarlo y le dijeron:
Lo que hizo Domingutzi fue quitarse un pedazo de dedo y se los dio para que hicieran fuego cuando lo necesitaran. Su familia pudo prender lumbre, pero los demás no pudieron. Fue la gente a ver a Domingutzi, le llevaron música y también comida hecha por sus familiares. Él les dio un pedazo de su dedo y así ya pudieron cocer sus alimentos.
Desde ese día supieron que el señor Domingo era el Dios del Fuego.
Esto es lo que cuentan en mi pueblo.
Recopilador: Martiniano Hilario González.
Informante: Rosa Caciana Melchor.
Comunidad: San Pedro Huazalingo, Hidalgo.


