Entre los animales que habitan las llanuras del Mayab, se encuentra Balam, el tigrillo.
Balam nació en una cueva y era la adoración de su madre, que lo cuidaba mucho y le daba todo.
Creció hermoso, fuerte y esbelto y, muy pronto, como tigre que era, quiso valerse por sí mismo. Cierto día, dijo a su madre:
Mirándolo con ternura, su madre le contestó:
Por fin, una mañana, el pequeño Balam decidió ir en busca de aventuras y, sin decirle nada a su madre, salió a correr mundo.
Lo cierto es que sólo pensaba en aquel Ca'dzit ok, al que no conocía.
Caminando caminando, se encontró con un venado.
Siguió su camino y, en un claro del bosque, se encontró con Kambul, el pájaro amarillo.
Continuó andando y, como si estuviera señalado por su destino, vio venir a otro animal. Era raro y parecía débil; tanto, que tenía que protegerse con ropa y caminaba lentamente, sin firmeza, porque usaba solamente dos de sus patas.
Muy seguro de sí, el felino soltó la carcajada.
Entre el verdor límpido del campo, asomaron las cabezas de muchos animales, testigos del extraño duelo que iban a librar Ca'dzit ok y Balam. A lo lejos, se escuchaba la algarabía de los pájaros.
De espaldas, los duelistas iniciaron la marcha, y cada paso resonaba sobre la tierra húmeda:
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez,
Rápidamente, Balam se lanzó contra el Dos Pies y se encontró con una bola de fuego y con la sensación de haber tropezado con algo denso y caliente.
A pesar del humo producido por el disparo, se dio cuenta de que aquel tronco de papaya era en realidad un rifle que escupía bolas de fuego.
Sacando todas sus fuerzas, mal herido, huyó como alma que lleva el viento.
Con él, fijas en su mente, iban las palabras de su madre:
Recopilador: Clara Mireya Chi Ac.
Comunidad: Nunkiní, Mpio. de Calkiní, Campeche.


